CENTROCAMPISMO


ODIO ETERNO AL FÚTBOL MODERNO
Septiembre 4, 2008, 11:46 am
Archivado en: Liga 08/09

Fin del mercado de fichajes. Comienzo de liga. Justo cuando nos ponen el caramelo en la boca ¡Zas! Partidito de la selección. Esto del calendario… Resulta que un grupo de “jamalasjamalas” se ha hecho con el Manchester City. Amenazan con romper el mercado. Ya lo han hecho pagando una cantidad disparatada por el alter ego de Denilson. Si la FIFA (Platini) no para esto, temo que se van a cargar el fútbol tal como lo conocemos hoy en día. Los tabloides ingleses anuncian a bombo y platillo que los hombres del pañuelo cuyo patrimonio asciende a más de 15.00 millones de euros quiere comprar a CR7 por 170 millones, y que luego harán lo mismo con Messi, Torres y cía. Una vergüenza.

Esperemos que alguien ponga freno a esta locura mercantilita. Los niños ya no quieren jugar al fútbol, ahora quieren ser personajes famosos de peinados con crestas, coches de lujo y estar acompañados de la rubia macizorra de turno mientras pasean por picadilly circus a la espera de que llegue el chofer. Los campos de tierra y el amor por los colores quedarán para la nostalgia.

Dicho esto, la liga empieza de manera inesperada. Un Barça remozado con los mismos problemas que el año pasado. Un trampas que en el banquillo sólo tiene desechos de tienta, lo que enfada, y mucho al alemán bipolar. Una liga donde han emigrado los cracks y cuyos estandartes son Messi, Agüero y Villa. El dinero de las televisiones. Se dice. La crisis mundial, comentan. La mala planificación, creo. En fin. Es demasiado pronto para hacer juicios de valor. Sólo sabemos que ahora la liga se llama liga BBVA. Que este fin de semana la quiniela no merece la pena. Y que tras doce años de travesía en el desierto, el Atlético de Madrid lidera una clasificación ficticia de la competición. Por mí ya podría finalizar la liga.

Nacho Montoto



QUE NO ACABE EL VERANO
Septiembre 1, 2008, 7:38 am
Archivado en: Liga 08/09

Comienza una Liga impredecible: un mercado estancado y autarquico, las dos primeras derrotas de los máximos aspirantes en campos de mitad de tabla abajo, situaciones disparatadas durante la pretemporada –desde el TAS del Barça a los NOES del Madrid-, un resurgido Atleti de Champions que golea a las primeras de cambio… Esto es cuanto menos raro.

El Barcelona no supo ayer jugarle al Numancia. Que analizada la frase tiene miga. Henry inoperante, Messi haciendo la guerra por su lado y una defensa que no pareció tener esa seguridad que Guardiola considera clave para aspirar a ganarlo todo. La estupenda pretemporada culé ha sido un espejismo. Necesitan darle cancha a los nuevos fichajes, necesitan empaquetar a Henry y mandarlo a Los Ángeles, y necesitan creérselo menos y trabajar más. Así empezó Rijkaard y acabó bien. Lo de Guardiola puede ser un sainete como sigan jugando como ayer. Ojo, que les ganó el Numancia. Recuerden.

“Quiero irme a casa” es la mejor frase de lo que va de verano. Un señor de su edad, con su responsabilidad y de su categoría, contestando como un niño enfurruñado resume muy bien la actual situación del Real Madrid. Schuster está cabreado porque su Getafe era más competitivo que este Madrid que funciona a una sola marcha. Ramón Calderón es un bocazas irredento. Yo creo en el farol, en jugar las cartas con listeza, en mentir para sacar beneficio, exagerar, en las boutades… yo creo en todo eso. Pero viendo a nuestro presidente está claro que sus declaraciones son de una ingenuidad inquietante, cuando se enfada es tan blando como Emilio Aragón riñendo a Chechu en Médico de Familia. Cuando está contento parece un abuelillo de tasca con dos mediecitos de más. Mijatovic es un vampiro del sobreprecio. La cosa huele fatal. En el campo, que es el betadine que limpia las heridas, el Madrid no estuvo a la altura. En mi opinión los dos goles fueron culpa de Casillas. Al mejor portero del mundo se le puede pedir algo más que ser un muñeco de futbolín. Un jugador en salto con los brazos extendidos llega más alto que el jugado más alto del mundo yendo de cabeza. Casillas sigue sin saber salir por alto. Un guardameta que ha hecho bueno a Marchena en la Eurocopa, eso dice mucho de su enclaustramiento en el area pequeña. La defensa del Madrid me gusta, la mejor en años. Diarra está fino, se le nota, ya hasta juega el balón y se suma al ataque. Guti desaparecido y acojonado por la presencia damocliana de Sneijder y Van der Vaart. Raul y Van Nistelrooy descoordinados y pesados. Higuaín desnaturalizado en el extremo, perdido para la causa como insistan en ponerlo donde no sabe jugar. Y Robben una mezcla de asco y alegría. Rápido, desbordante, pero incapaz de asustar al portero. Resumiendo: Aquí hay mucha tela que cortar. Cuando el Madrid flojea en Liga los más merengues como yo siempre pensamos: estos equipos tan pachuchos son los que llega la Champions y la ganan a trompicones. Y con eso me conformo. Pero con la Juve y el crecidísimo Zenith este año en la fase de grupos, la temporada puede ser para olvidar. Esperemos que no. Y que Centrocampismo lo vea.

Antonio Agredano

Bienvenidos a la nueva Temporada. Vuestras crónicas, artículos o reflexiones a: antonioagredano@gmail.com



LA BELLEZA
Julio 3, 2008, 6:44 am
Archivado en: Eurocopa 08

No: mi grado de euforia no llega al punto de dedicar un título como éste a Luis Aragonés. Sin embargo, el de Hortaleza sí es el motor de este escrito. Más de media docena de amigos y conocidos me han exigido algún tipo de rectificación por las palabras que, durante los últimos meses, he arrojado contra el ya saliente seleccionador nacional. Al principio me resistí, aunque frente a la pantalla, rodeado de amor y familia, reconocía que algún mérito debía anotarse en el haber del gruñón, y hasta confesé cierta emoción cuando advertí la suya en el campo, el avión o la plaza. Dicho esto, vuelvo sobre mis frases escritas, y encuentro unas de cal y otras de arena, y creo que es de ley pronunciar las convicciones que ahora reúno entre el análisis y la pasión.

1.- Cierto es que Aragonés tuvo clara la importancia de convertir la selección en un equipo, asunto que se ha revelado fundamental en tan exitosa aventura.

2.- Innegable es que, cazas de brujos al margen, el lanzafaltas tuvo un carácter que se deslizó de la cabezonería a la coherencia según la firmeza de sus decisiones se fueron haciendo más impopulares.

3.- Más que plausible parece su administración de los recursos, y más que asombrosas resultan algunas estrategias ergonómicas (y hasta económicas, si bien se entiende la palabra) de las que, como experimentado tahúr, ha hecho uso el viejo.

4.- Ajeno a este reconocimiento, su tránsito elefantiasico-cacharrero y a menudo desnortado no ha ayudado (ni siquiera durante el campeonato) al mejor entendimiento de su causa ni a la paciencia para con sus métodos.

Y 5.- Nobleza o bajeza obligan al que escribe a celebrar su suerte y su estrella, a brindar por su punto y final y a esperar que los próximos acontecimientos mantengan el tipo y mejoren el estilo.

Dicho esto, recuerdo que el título de este texto empalagoso es “La belleza”. Y caigo en que el motor no es Luis, sino el gesto de satisfacción plena (y, a la vez, vacía de rabia y rencor) que el inmejorable Iker Casillas nos regaló mientras alzaba el trofeo. Limpio del veneno común del deporte y de la vida, el capitán nos ofreció la mejor cara del fútbol y de los hombres: la satisfacción sin dolor, la alegría sin heridas, la plenitud, la verdadera belleza.

GABRIEL NÚÑEZ HERVÁS



VICTORIA
Julio 1, 2008, 7:43 am
Archivado en: Historia del Fútbol

“Diferencia semejante a la que hay entre tragedia y comedia, pues la una quiere mimetizar a los hombres como siendo peores y la otra como mejores de lo que son:”

Aristóteles

En 1981 John Huston tomó como inspiración para su filme deportivo Evasión o victoria un trágico episodio sucedido cuarenta años atrás en la Kiev sometida por el ejército de la Alemania nazi. El heroísmo de la tragedia clásica se define por la necesidad del sacrificio y el héroe trágico por la determinación con la que afronta un destino a medias ofrecido por los dioses, a medias elegido deliberadamente: el precio de la gloria es siempre la muerte. El famoso por infame episodio, vagamente aludido por Huston, supuso la culminación para los jugadores del FC Start de una gesta futbolística que ha acabado por convertirse en una alegoría deportiva de la lucha contra la opresión. El equipo estaba formado por antiguos miembros del Dinamo de Kiev y el Locomotiv, luego soldados contra la invasión nazi y finalmente vencidos abandonados a su suerte. Auspiciado por un apasionado del juego, panadero de profesión y de origen alemán, que acogió y motivo a sus antiguos ídolos, el FC Start pronto logró destacar frente a todos sus rivales ganando con comodidad (a veces vergonzosa) todos y cada uno de los partidos que jugó desde el primero (en junio del 42) al último (en agosto de ese año). El conocido como Partido de la Muerte ha marcado el punto en que estos hombres se convirtieron en héroes trágicos, y los quince minutos del descanso, luego de adelantarse a una selección alemana formada por miembros de la Luftwaffe, luego de ser amenazados de muerte por los nazis para dejarse vencer, y el momento en que a pesar de todo decidieron salir del campo, porque entonces ya sabían que iban a ganar, marcan el punto en que su orgullo, la gloria de una muerte trágica, pudo más que la necesidad de seguir vivos. Existen diferentes versiones del hecho, la más prosaica mantiene que tras el partido el equipo al completo fue conducido a un barranco y fusilado por oficiales alemanes, la más poética nos ha dejado ingenuas pero emotivas imágenes como la del Gigante Trusevich, preso en el campo de Siretz, al que la leyenda ha perpetuado cayendo al verse envuelto en un ataque de la Resistencia vestido de portero y gritando «¡El deporte rojo nunca morirá!». El filme de Huston, a pesar de ser considerado como uno de los peores trabajos de uno de los directores con más talento de su generación, a mi entender no deja de ser una de las comedias más inspiradas de la historia del cine, aunque no lo pretendía. John Colby (interpretado histriónicamente por un fondón Michael Caine), capitán del ejército aliado y antigua estrella de fútbol, organiza partidos entre los oficiales reclusos del campo Gensdorff. El mayor alemán Karl Von Stein (Max Von Sydow) propone a Colby un encuentro entre el equipo nacional alemán y los oficiales apresados por los nazis en un estadio parisino, ocasión que los apresados intentarán aprovechar para huir. Colby animará desde el banquillo en el menos sobrio de los estilos a una formación de élite que tanto en la vida real como en la ficción tampoco estaba dispuesta a perder y entre la que se cuentan grandes futbolistas como Booby Moore, Paul Van Himst, Osvaldo Ardiles o el gran Pelé, encargado además de la coreografía del partido en el estadio. Bajo palos, un hipermusculado y siempre sobreactuado Stallone, que hizo incluir la famosa escena del penalti, no prevista en el guion original, para lucimiento propio (toda su actuación una cima de la comicidad y el absurdo). Todos los elementos propios de la mejor comedia se desarrollan magistralmente: dramatismo, inverosimilitud, incoherencia… Pelé lesionado haciendo rabonas mágicas y una increíble chilena, extras de 1943 vestidos a la moda de principios de los ochenta, la caótica forma de juego (a pesar de la coreografía del dios brasileño). De todos modos, una deliciosa interpretación de las condiciones del juego que, aunque deje muy lejos la historia real sobre la que se inspiró, crea un nuevo simbolismo sobre las mismas imágenes: la voluntad contra la opresión, la decisión ante las dificultades y el triunfo de justicia del talento personal sobre la irracionalidad del determinismo. Sea cual sea la versión sobre la historia del Start, la enseñanza es la misma: se negaron a perder incluso a costa de su propia vida. Pero por una de esas maravillosas transfiguraciones de la vida en arte, John Huston encontró la forma de hacer que tal riesgo mereciese la pena también para los que lo afrontaban y el nuevo simbolismo alcanza una nueva enseñanza a través del simulacro de guerra que supone el fútbol: ¿evasión o victoria? Huston lo tenía claro, consiguieron escapar; el título original, simplemente Victoria.

LUIS GÁMEZ



ALGO MÁS
Junio 30, 2008, 11:24 am
Archivado en: Eurocopa 08

Campeones de Europa. Eso es lo que hoy se anuncia en todas las portadas, el tema de conversación en los bares. Pero ayer la selección española hizo mucho más que ser campeona. Impuso un estilo. Un sello propio para la historia del fútbol. Como aficionado al mundo balompédico uno siempre tiene en mente la Brasil de Pelé, la de Zico, la Argentina de Kempes o la de Maradona, la Holanda de Cruyff y Neeskens, o la Alemania de Beckenbauer. Esta selección será señalada por haber dado cabida al toque de Xavi, Cesc, Iniesta, Silva,… y además por haber conquistado el campeonato de 2008.

Tras el jogo bonito, la naranja mecánica, llega la hora del tiki-taka, o del toque-toque. Atrás quedan las generaciones de Juanito, Arconada –magnífica la estampa de Palop frente a Platini con su camiseta-, la quinta del Buitre, los Hierro y compañía, más destacados por lo hecho en el campeonato nacional que en las grandes citas de naciones.

Y si hay selecciones reconocidas por sus jugadores, tampoco podemos olvidar a quienes las imaginaron, como el Brasil de Zagallo, las Argentinas de Bilardo y Menotti, aquí estaría también el Barça de Cruyff si nos referimos a clubes; el ideólogo de esta España es sin duda Luís Aragonés. Ese hombre mayor, con chándal, a quien muchos señalaron como senil, y que ha sabido seleccionar lo mejor de nuestro país para darle forma de fútbol, de muy buen fútbol. Porque los aficionados nos quedamos con ganas de más, de ver más toques, más desmarques, más baile de balón, de ver cómo la pelota se movía en un rondo perfecto.

Por todo esto, somos campeones de Europa y algo más.

MANUEL G. MAIRENA



APUNTES TRAS EL ÉXITO
Junio 30, 2008, 9:41 am
Archivado en: Eurocopa 08

Claves del título

¿Por qué hemos ganado la Eurocopa? Es difícil analizar de una manera objetiva los hallazgos de nuestra selección. La resaca de la victoria unifica los partidos, los abrillanta y hace desaparecer los desajustes que hemos podido tener. Lo único cierto es que salvo el partido de Italia, lo demás ha sido un paseo. Y eso es algo inquietante en un campeonato donde están prácticamente los mejores equipos del mundo. La vieja máxima dice que los delanteros ganan los partidos y las defensas ganan los campeonatos. En España la delantera y la defensa se han mezclado de tal manera que daba la sensación de que atacaban 10 y defendían otros 10. Las líneas basculaban rítmicamente, matemáticamente, de una manera orgánica que iba más allá de la preparación táctica y casi se veía como un pálpito natural entre los jugadores. Puyol y Marchena han superado todas las expectativas y han secado a todos los delanteros, algunos de nombre Ibrahimovic, Toni, Arshavin, Klose… Senna ha sido casi el mejor de España, además de la sandez del músculo, el derroche físico y todo eso que inconscientemente decimos cuando vemos a un jugador negro de pivote defensivo, el hispano-brasileño ha sido la primera referencia de toque al armar el ataque. Ningún balón se ha movido sin criterio por su zona y a eso hay que añadir muchas recuperaciones y pocas perdidas. Un jugador ideal. Sumemos un agigantado Xavi, un meteórico Villa, las apariciones estelares de Torres… Lo bonito es que es imposible nombrar a un solo jugador sin hablar de dos o tres más imprescindibles. Equipo sobre jugadores. A falta de un crack, 23 jugadores de clase media-alta. La unión como respuesta a todas las cuestiones y una única duda: ¿Hasta donde podemos llegar con este equipo?

Una victoria de futuro

Para mí el fútbol es algo más que un deporte, es una pequeña fábrica de felicidad colectiva, un gas que se extiende de casa en casa y anima a la gente a celebrar las victorias ajenas como propias. Sentirse parte de un grupo de jugadores, gritar hasta la afonía, recordar los goles como momentos imborrables en el recuerdo de una vida. Ganar es un verbo precioso, egoísta pero paradójicamente cargado de generosidad. Ayer España ganó la Eurocopa con brillantez, con un juego depurado y preciso que está a siglos de ese juego rocoso y oportunista que Grecia utilizó para ganar la última edición de este campeonato. La revalorizada Roja ha superado de un tirón todos los complejos que llevaba arrastrando de las últimas fases finales en las que había participado. Primero esa absurda maldición de cuartos, después la mala suerte en el punto de penalti, también la falta de competitividad, la mediocridad auto-impuesta. Incluso se habló de incapacidad para ganar una gran cita. Las críticas al aluvión foráneo en La Liga eran la base de un país siempre a la vanguardia a nivel de clubes y prácticamente en la cola con respecto a otros combinados nacionales. Pero ayer todo eso cambió y ya sólo necesitamos mirar hacia delante. Hay que celebrar esta victoria pero no sólo como la meta de un buen trabajo sino como el punto de partida para la consolidación de un estilo. El relevo de Aragonés es bueno, es una persona agotada a nivel mental, pero ha dejado un equipo hecho, un sistema improvisado tras las derrotas ante Suecia e Irlanda y que ha dado un rédito increíble. Ahora Del Bosque vendrá a mantener lo mismo. Ligeros cambios de cromos, algún jugador por otro, y la preparación del siguiente peldaño de esta selección: el Mundial. Cuando lleguemos a Sudáfrica en el 2010 no habrá parangón anterior, ni título lejano. En un mundial nunca hemos hecho nada. Ahí estará el verdadero examen de nuestra selección. Creer que esta Eurocopa es el colofón sólo nos llevará a depresiones a cuatro años vista. Hay que seguir alimentando el espíritu y por supuesto, creérnoslo.

Las banderas

Ayer colgué un pequeño banderín de España en mi ventana. No fue la única. Córdoba, como casi toda España, hacía ostentación rojigualda desde las terrazas de sus casas. Como decía antes, el fútbol tiene un extra que lo saca del corsé deportivo para convertirlo en un estado de ánimo. Para mí, la bandera española era un símbolo molesto. Las reminiscencias a la dictadura eran obvias. Por más que la Constitución abogara por esos colores la sensación es que esa bandera era de otra época. La apropiación de los símbolos nacionales por las corrientes políticas más conservadoras, los pijos con banderitas en las muñecas o en el filo del cuello de los polos nos recordaba que la España progresista y humilde no tenía una bandera que la representase. Si el fútbol contribuye a esa normalización de los emblemas, a la naturalidad y a la falta de prejuicios, bienvenido sea. Detalles como ésta hacen de este deporte algo único.

ANTONIO AGREDANO



CAMPEONES
Junio 30, 2008, 9:20 am
Archivado en: ¿Qué es Fútbol?

“¡Joder, joder, esto es la hostia!”

Andrés Iniesta, tras la final



EL PRÍNCIPE
Junio 27, 2008, 7:35 am
Archivado en: Eurocopa 08

Mientras las cámaras enfocaban el monárquico retozar de Letizia y Felipe, el verdadero Príncipe bordaba el pase que daba la tranquilidad a su ejército. Su arquero no falló y ese 2-0 sería definitivo. A mí el Príncipe de Asturias no me representa, quiero decir, que no está en mi onda, que no está en mi plano. Envidio su gusto por las mujeres, nadar en Eva Sannum tuvo que ser algo maravilloso, pero hoy yo sólo puedo ser de Cesc. Tengo la sensación de conocerlo de toda la vida, del barrio, de los amigos que destacaban pronto en el instituto por aprobar sin estudiar apenas y que por las tardes con la bolsa Mito al hombro se iban al campo de tierra a romper balones con la sociedad deportiva de la Letro. Una humildad primaria, vergüenza por tener un don, pidiéndole a los Reyes Magos unas botas nuevas. La idea es que todos podríamos haber estado allí. Que esos jugadores son como nosotros. Cuando en Radio Marca escucho hablar a sus madres tengo la sensación de que dicen lo mismo que la mía. La madre de Cesc dijo el otro día: “mi niño es muy ordenado en el trabajo pero si vierais su cuarto, está hecho un desastre”. Cesc, al teléfono desde Austria, se ruborizaba. Lo bueno de los héroes es que nos sentimos identificados con ellos al instante, que de alguna manera son como nosotros. Por más esfuerzo alto-burgués que haga, por más madre griega y veraneo en Mallorca, por más periodistas guapas que se crucen en mi vida yo no me siento como Felipe; yo soy de los que patean balones desde que tengo uso de razón. Yo soy de las Joma Butragueño, de mi primera camiseta de España de Le Cocq Sportif, yo me he sollado las rodillas en las calles del Figueroa y en el campo del Miralbaida. Yo he estado federado, y lo digo con orgullo y tristeza. He jugado con Vicente en el césped artificial del Maestre Escuela. Celebrando cada gol como si de verdad millones de españoles nos estuvieran viendo por la tele. He abrazado a compañeros desfondados, me he adornado en los balones blandos. Me he quedado clavado bajo el larguero a la salida de un corner. He visto a Pablo lanzar un balón al palo desde medio campo. He visto a Santi correr en el último minuto de partido 50 metros persiguiendo a un contrario. He celebrado los goles gambiteros del Fernández. Incluso he disfrutado con los plantillazos de Luque. El fútbol es algo increíble. Y aunque ayer les tocara a ellos, aunque fueran ellos lo que metieron los goles, pese a que Cesc empapado de sudor y lluvia no tuviera ni la más remota idea de que yo estaba en mi casa llorando en cada uno de los tantos; cuando celebraron la victoria tuve la sensación de que también era mía. Y no por ser español, ni futbolero, ni nada parecido a eso. Era una comunión diferente. Todas las victorias se hacen con la misma carne; y de alguna manera el fútbol las unifica, las perpetúa, y nuestros abrazos son como los suyos, y nuestros goles un martes por la noche, después del trabajo, en un partido de amigos se parecen mucho a los que ayer el Príncipe, el de verdad: Cesc, regaló a sus compañeros. Aunque no estuviéramos allí, en nuestras casas todos sentíamos esos goles como nuestros, por que de alguna manera los nuestros también fueron suyos en su día. El fútbol es algo inmerecido. ¡Que invento!. La final es nuestra. Entera. Sin matices. Yo pienso dejarlo todo en el campo y estoy seguro de que tú harás lo mismo.

ANTONIO AGREDANO



¿QUÉ ES FÚTBOL?
Junio 25, 2008, 6:34 am
Archivado en: ¿Qué es Fútbol?

Decir que estos hombres pagaron sus chelines para mirar a veintidós mercenarios dar una patada a una pelota es decir simplemente que un violín es madera y cuerda, o que Hamlet es papel y tinta”

J.B. Priestley, The Good  Companions



EL MISTERIO DEL GORRINO
Junio 25, 2008, 6:27 am
Archivado en: Eurocopa 08

Ustedes también lo han oído: en las retransmisiones de Cuatro, cada vez que la selección española marca un gol, se escucha de inmediato el inconfundible gruñido de un puerco. El misterio ha crecido desde el hat-trick de Villa y ha llegado a términos alarmantes con el penalti marcado por Cesc. A cada gol le sigue un espeluznante grito de gorrino, o tal vez de su forma silvestre: el cochino jabalí. La voz del gorrino ha llegado hasta los oídos de todos los aficionados españoles que, preocupados por la extraña conexión, no dejan de preguntarse el origen de tan molesto fenómeno. ¿Será una bizarra costumbre centroeuropea? ¿Un talismán de esa cadena que ya ha elevado otro berreo primitivo (¡Po-de-mos!) al olimpo de los tarugos? Pues no, nada de eso: las última investigaciones, armadas con la tecnología más vanguardista, han identificado al responsable del estremecedor grito: el macho Camacho. Cuando su bestial emoción por las hazañas patrias llega hasta el paroxismo, al murciano se le congestionan las cuerdas vocales y, mientras suelta chorros de sudor por la nariz y las orejas, arroja al mundo ese infrahumano berrido:

¡¡¡GOOOOOOIIIILNK!!! ¡¡¡GOOOOOOIIIILNK!!

Mientras tanto, entre gol y gol, desde el corral de Cuatro, Camacho se dedica con gusto a darle patadas al lenguaje y a ponerle zancadillas a las buenas maneras. En su labor está alentado por el muy bronceado y aspirante a humorista Manu (ese profesional que ya ha demostrado que, no es poca cosa, sabe contar: “van uno para uno”, “van cuatro para arriba”, “defienden con tres…” son sus comentarios más profundos) y también aplaudido por el abuelo Relaño (quien, a tenor del calibre de sus aportaciones, debe ocuparse durante los partidos de buscar a futuras chicas del As, más que de mirar las jugadas).

En fin, ya sabemos que no todos pueden tener la elegancia de Carlos Martínez o la educación de Quique Sánchez Flores, pero al menos en las cabinas de los comentaristas deportivos deberían poner un cartel que prohibiese la entrada a los animales. Los periodistas que se salvasen de la quema estarían muchos más cómodos. Los telespectadores, también.

GABRIEL NÚÑEZ HERVÁS